-Estoy a punto de quemar mi casa, tengo una colección de películas, son tuyas, puedes hacer con ellas lo que quieras.
Clementowsky responde, agradecida
-Las veré y luego se las daré a los niños más pobres, esos que todavía no tienen Blu-ray.
Clementowsky añade, arrepentida
-Fui muy cruel, perdón.
Calavixler disculpa, entumecida
-No importa, en las noches somos libres de odiar a la humanidad.
